Compartimos  reflexiones, experiencias,  hablamos  de terapias  complementarias, de espiritualidad o  de  crecimiento personal  con el propósito de  ofrecer otra mirada.

El hecho de cambiar de perspectiva nos permite algunas veces  ver una luz al final del túnel.

No todo es bueno para todos,  es importante tener la mente abierta y que cada persona experimente que es lo mejor para ella.

A los seres humanos  tener control nos da seguridad. En realidad teníamos la falsa creencia de que podíamos controlar, y ha sido ahora en esta pandemia, que nos hemos hecho conscientes de nuestro error.

El momento que vivimos nos ha puesto frente a frente a nuestros miedos y vulnerabilidad, generándonos  angustia, frustración, inseguridad y mucho estrés. Al mismo tiempo  nos da la oportunidad de conocernos mejor y aprender a gestionar de manera más saludable y asertiva las situaciones.

De nada sirven las quejas y protestas. La situación está aquí y nosotros decidimos como la vivimos. Si desde el sufrimiento o desde la paz interior. Nos ha golpeado donde más nos duele, que es perder la sensación de control.

Es importante que aprendamos a gestionar nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, y adquirir recursos de inteligencia  emocional.

Lo podemos hacer de muchas maneras, a través de técnicas de auto conocimiento, de terapias complementarias, del crecimiento personal o de la espiritualidad.

“Si queremos que algo cambie tenemos que cambiar nosotros”.

Es un buen momento para conectar con nuestras emociones y atenderlas en lugar de ignorarlas. Observar que nos están mostrando, liberarlas y reencontrarnos con nuestra paz interior.

Actuamos con las emociones y los sentimientos de diferentes maneras. Posiblemente la más habitual es reprimiéndolos, pero la presión de sofocarlos nos genera mal humor, irritabilidad, tensiones musculares, dolor de cabeza, problemas digestivos y muchos otros síntomas.

Lo que no nos permitimos sentir se proyecta al mundo y a las relaciones de nuestro entorno, dando lugar a toda clase de conflictos.

Otra manera de hacerle frente es contando nuestra historia. Creemos que así nos liberamos. Los hechos demuestran lo contrario. Expresarlo tiende a expandirlo y darle fuerza. Al mismo tiempo deteriora nuestras relaciones. Al cargar nuestros sentimientos negativos a los demás, provocamos su malestar.

A veces también huimos de lo que sentimos. Evitamos sentir. Buscamos distracciones, diversión, adicciones (al juego, al alcohol, al tabaco, al trabajo…) cualquier cosa con tal de  seguir inconscientes.

Tenemos miedo de enfrentarnos a nosotros mismos, al silencio y la soledad. Y llenamos nuestros días de actividades, palabras, música, radio, televisión, redes sociales, pastillas, etc. Muchos de estos mecanismos de escape nos estresan aún más y desgastan mucha energía. Nuestra evolución personal y espiritual se detiene, se desarrollan enfermedades físicas y emocionales y se generan conflictos sociales.

 “El cuerpo dice lo que la boca calla”.

Hacemos todo esto porque actuamos de acuerdo con nuestra educación, costumbres, cultura y creencias. La buena noticia es que los pensamientos y creencias se pueden cambiar. Siempre podemos decidir de nuevo. Una alternativa mucho mejor consiste en asumir la responsabilidad de nuestros pensamientos, neutralizarlos y elegir opciones más positivas.

Todos hemos podido experimentar alguna vez que soltando la presión interior que acumulamos  nos sentimos mejor. Adquirimos un estado de libertad interna que hace que incluso la fisiología del cuerpo cambie. Nos cambia el color de la piel, la cara, la respiración, el pulso, incluso la química de nuestra sangre y hacemos un giro hacia la salud.

Descubrimos una nueva percepción del mundo y de nosotros mismos. Somos más creativos y nos sentimos más felices, más relajados y con más paz.

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